Muchas empresas industriales han asumido un porcentaje fijo de piezas dañadas como parte del coste de operar. Pocas se han parado a comparar esa cifra con lo que costaría evitarla.
Cuando una empresa mueve volúmenes medios o altos de piezas, las roturas, las marcas y las devoluciones acaban siendo una cifra recurrente. Un porcentaje pequeño que se repite mes a mes y se asume como parte del negocio.
Antes de dar por buena esa cifra, conviene compararla con lo que costaría un embalaje pensado para reducirla o incluso eliminarla. La comparación no es difícil, pero hay que tener en cuenta varios factores que no siempre se suman.
Qué se está pagando ahora
El coste de una pieza dañada no se reduce al precio de la pieza. Cada incidencia activa un envío de reposición, una gestión de devolución, una reclamación que alguien tiene que tramitar o incluso una pérdida de imagen profesional.
A eso se suma el tiempo que el cliente final pasa esperando la pieza correcta. Y, con cada repetición, la confianza con ese cliente, que no se rompe de golpe pero se desgasta envío a envío.
Qué cuesta un embalaje a medida
Diseñar y producir un embalaje a medida tiene un coste inicial mayor que el de una caja estándar con relleno. Es lo que normalmente frena la decisión: parece más caro.
Pero ese coste no se reparte por unidad, se reparte por la cantidad de envíos que va a aguantar la solución. Si el embalaje está pensado para ser retornable, viaja decenas o cientos de veces antes de tener que reponerse. El coste por envío baja a medida que se usa.
Cuándo suele compensar
Hay distintas situaciones en las que invertir en un embalaje a medida suele salir más rentable que asumir los daños: cuando la pieza tiene un valor importante, cuando el volumen de envíos es medio o alto, cuando el embalaje es retornable…
En el tipo de proyectos que solemos trabajar, las situaciones coinciden la mayoría de las veces.
Lo que no aparece en el cálculo inicial
Cuando los daños bajan, también baja todo lo que va asociado: menos reclamaciones, menos reposiciones, menos presión en logística y en atención al cliente.
No es un ahorro fácil de contabilizar al principio, pero aparece y se nota.
Si llevas tiempo asumiendo un porcentaje de daños y nunca has llegado a hacer esta comparación, cuéntanoslo. Analizamos tu caso y vemos si los números cambian.
