Un material adecuado mantiene su forma y capacidad de protección incluso tras múltiples usos
En muchos proyectos de embalaje, la elección de la espuma se da por resuelta demasiado pronto. La pieza encaja, el envío funciona y el embalaje entra en producción. Meses después empiezan los problemas: cuesta colocar la pieza, el material se marca, aparecen ajustes “de apoyo” y el embalaje deja de comportarse igual que el primer día.
El error habitual no está en la pieza, sino en no haber definido correctamente el uso real del embalaje.
El primer criterio que hay que fijar es cómo se va a utilizar.
Un embalaje pensado para un envío puntual no trabaja igual que uno que entra en un circuito interno o en un sistema retornable. Cuando se reutiliza, la espuma tiene que mantener su forma y su capacidad de protección uso tras uso. Si no está pensada para eso, el desgaste aparece rápido y se normaliza un funcionamiento que ya no es correcto.
El segundo criterio es cuántas veces se va a usar.
No hace falta hablar de números exactos para detectar un problema. Si con el paso del tiempo la pieza ya no entra igual, hay que recolocarla o el operario empieza a forzar el encaje, la espuma no está alineada con ese número de ciclos. En muchos casos, el embalaje sigue “sirviendo”, pero deja de ser fiable.
También es clave cómo se posiciona la pieza dentro del embalaje.
Piezas con zonas de carga concentradas o apoyos definidos exigen materiales capaces de trabajar siempre del mismo modo. Cuando la espuma no es la adecuada, esta se puede degradar y la protección se vuelve irregular, aunque el embalaje siga pareciendo correcto a simple vista.
Por último, es fundamental evaluar cómo se comporta la espuma a lo largo del tiempo. Un material adecuado mantiene su forma y capacidad de protección incluso tras múltiples usos, sin necesidad de ajustes ni intervenciones adicionales. Si la espuma empieza a deformarse o perder ajuste, está claro que no cumple con las exigencias del embalaje.
Elegir la espuma correcta no significa añadir más material de forma preventiva. La selección debe basarse en probar y validar que el material mantiene su durabilidad y protección durante el tiempo que se va a utilizar, asegurando que el embalaje sigue funcionando de manera fiable y consistente en todas las manipulaciones y transportes.
Si tienes dudas sobre si la espuma que utilizas es la más adecuada para tu aplicación, o estás buscando una solución en espuma adaptada a tu uso real, puedes contactar con nuestro equipo para analizar tu caso y ayudarte a definir la opción más adecuada.
